Calcio de coral marino

La carne, los dulces, la harina refinada, el alcohol, la cafeína, el azúcar y otros muchos alimentos producen hiperacidez porque obligan al organismo a utilizar el calcio que posee para neutralizarla. Y si no obtiene suficiente con la alimentación se ve obligado a tirar de las reservas del tejido conjuntivo y los huesos. Aparecen entonces problemas como el reuma, la osteoporosis o la artritis. Y resulta que no todo el calcio se absorbe igual. El mineral tradicional debe ser metabolizado para ser aprovechado mientras el orgánico e ionizado de forma natural es absorbido por las células rápidamente y en su totalidad. Es la ventaja del calcio de coral.

El calcio es el mineral más abundante del organismo y está involucrado en casi todas las funciones biológicas. Y es tal su importancia que muchos expertos, ante el hecho de que nuestra alimentación actual suele ser deficitaria en ese mineral, aconsejan tomar suplementos para cubrir nuestras necesidades. El problema es que no todos los preparados son igual de útiles. Por ejemplo, en la mayoría de las cápsulas de un gramo que se hoy comercializan al menos 600 mg. son de calcio inorgánico y, por tanto, no asimilable directamente. Para poder aprovechar el calcio inorgánico el cuerpo debe primero procesarlo y convertirlo en calcio ionizado –el único que metaboliza el organismo-, proceso digestivo en el que se pierde el 95% del mismo. Por consiguiente debemos asegurarnos de que el calcio que ingerimos –nos referimos al que no proviene de los alimentos- sea fácilmente asimilable. Si no es así incluso puede tener efectos perniciosos. Téngalo en cuenta porque el mero hecho de ingerir suplementos de calcio no asegura que éste alcance el destino deseado: los huesos y tejidos blandos. Tal es la importancia pues de tomar sólo el calcio adecuado; y, en ese sentido, debemos decir que el calcio de coral marino parece, a juicio de muchos expertos, no tener competencia.

LA IMPORTANCIA METABÓLICA DEL CALCIO

Como decimos, el calcio es el mineral más abundante en nuestro organismo y juega un papel fundamental en prácticamente todas las funciones metabólicas. Desde permitir la contracción y relajación de la musculatura hasta la regulación del latir del corazón pasando por la transmisión de los impulsos nerviosos. El calcio interviene directamente en la nutrición celular, favorece la creación de nuevas células, participa en la síntesis de las proteínas y ayuda a controlar la presión arterial. Es además imprescindible para la salud de los huesos, dientes, músculos, el sistema nervioso, el endocrino, etc. Interviene asimismo en la replicación del ADN, tarea primordial de todas las reparaciones que se producen en el organismo y que sólo acaece en un substrato de calcio. Es más, investigaciones recientes apuntan que bajos niveles del mismo aceleran el proceso de envejecimiento ya que más calcio implica más oxígeno en el cuerpo. Y algo no menos importante para la salud: el calcio controla nuestra acidez y alcalinidad.

EL MEJOR ALCALINIZANTE

Como ya sabe el lector, los químicos miden la acidez o alcalinidad del organismo con una escala de pH (que no es sino el logaritmo que mide la concentración de iones de hidrógeno con carga negativa). Y se entiende que cuando el pH es menor de 7 el organismo es ácido y cuando es mayor es alcalino. Siendo la situación ideal un pH de 7.4, es decir, ligeramente alcalino.

Sólo los fluidos estomacales -encargados de descomponer los alimentos para su digestión- deben ser ácidos. La sangre, la linfa y el líquido cerebroespinal además de los diferentes tejidos están diseñados para ser ligeramente alcalinos. De hecho, al nacer, la mayoría de los tejidos y fluidos del cuerpo se encuentran en un estado alcalino de 7.4. Sin embargo, con el paso de los años se vuelven ácidos a causa de la dieta -compuesta generalmente de muchos elementos acidificantes, los malos hábitos, el consumo de fármacos, la contaminación y el estrés, entre otros factores. Pues bien, esta situación de hiperacidez se considera proclive a la enfermedad. De hecho hoy en día se reconoce que las enfermedades -especialmente las crónicas- van unidas a un desequilibrio entre ácidos y bases. Tan es así que algunos investigadores se han atrevido a aseverar que al menos 157 enfermedades comunes son causadas por la acumulación de desechos ácidos en el cuerpo. Y hay quienes van más lejos y aseguran que buena parte de las mismas se deben a una mera carencia de calcio en el organismo. El proceso, según explican, es sencillo. En caso de hiperacidez el organismo trata de neutralizar los ácidos antes de que contaminen las células y alteren su ambiente. Y para ello el cuerpo precisa sustancias alcalinizantes. Y, claro, cuando carece de otras posibilidades acude a lo que tiene más a mano y de forma más abundante: el calcio del propio cuerpo. El de los huesos, evidentemente, pero también el de la saliva, el del líquido cefalorraquídeo, el del tejido conjuntivo, el de los tejidos orgánicos… Ello ocasiona que los fluidos y tejidos desmineralizados se tornen ácidos y, por consiguiente, anaeróbicos, conduciendo al cuerpo a todo tipo de enfermedades degenerativas: artrosis, osteoporosis, reuma, artritis, lupus, cáncer, etc. Por tanto, un aporte adecuado de calcio -que interviene en la fabricación de oxígeno y ayuda a la eliminación del ácido de los fluidos y tejidos corporales- puede prevenir esa situación ya que cuanto más calcio asimila el organismo más oxígeno se produce y, por consiguiente, se reduce el riesgo de desarrollar cáncer y otras enfermedades degenerativas. No en vano ya en 1931 el fisiólogo alemán Otto Heinrich Warburg recibió el Premio Nobel de Medicina por demostrar que el cáncer es anaeróbico; es decir, que tiene lugar –como muchas otras enfermedades degenerativas- en ausencia de oxígeno y, por extensión, en un ambiente ácido que se debe en buena medida a la carencia de calcio. En suma, es lamentable que aún no seamos conscientes del daño que hacemos a nuestro organismo manteniendo una dieta en la que el 80% son alimentos acidificantes y “ladrones” de calcio (carne, dulces, harina refinada, alcohol, cafeína, azúcar, etc.) y sólo un 20% alcalinizantes (las frutas, las verduras y el agua mineral).

UNA HISTORIA DE GUINNES

Debemos explicar, llegados a este punto, que uno de los primeros expertos en utilizar el calcio como remedio terapéutico fue el doctor Carl Reich. Ya en la década de los 50 este médico norteamericano observó que muchos de sus pacientes eran capaces de superar distintas enfermedades degenerativas consumiendo simplemente una cantidad adecuadamente proporcionada de calcio, magnesio, vitamina D y otros nutrientes… en dosis superiores a las oficialmente recomendadas. Se convertiría así en uno de los primeros médicos en reconocer que las megadosis de minerales y vitaminas podían ser beneficiosas y de ahí que sea considerado por muchos el “padre de la medicina preventiva”. Fue también el primero que expuso que una vida longeva sólo puede conseguirse con un organismo oxigenado, alcalino y que reciba la suficiente cantidad de calcio y otros minerales como para garantizar completamente los procesos metabólicos.

Casi treinta años después -en 1979- otro descubrimiento vendría a corroborar la validez de las consideraciones de Reich sobre la capacidad terapéutica del calcio. Ese año un periodista del Libro Guinness se trasladó hasta las islas japonesas de Okinawa y Tokumoshima para entrevistar a Shigechiyo Izumi –entonces la persona más vieja del mundo a sus 115 años de edad y poseedor de una salud y vitalidad notablemente buenas- encontrándose, sorprendido, con que la mayor parte de los habitantes de esas islas eran físicamente personas saludables -prácticamente no sufrían ni habían sufrido enfermedades graves- y su vida media era de 105 años. Aquel descubrimiento hizo que se desplazara hasta allí un equipo de investigadores para analizar la situación y éstos descubrieron que los isleños sólo tenían una cosa en común: el agua que bebían era rica en minerales –especialmente en calcio- y brotaba de entre los corales fosilizados del suelo lo que la convertía en un agua muy alcalina. ¿Era pues ese el secreto que hacía que la esperanza de vida de los habitantes de la isla de Okinawa fuera de 105 años mientras la del resto de japoneses era sólo de 77? A intentar dar respuesta a esa cuestión se dedicarían numerosos investigadores en los últimos años. Y hoy día caben pocas dudas de que la clave de la salud de los habitantes de esas islas está en una especie de coral llamado Sango cuya composición -muy rica en calcio- ha demostrado notable efectividad terapéutica en diferentes dolencias (por cierto, Shigechiyo Izumi vivió saludablemente hasta los 121 años, edad a la que murió a causa de una pulmonía).

EL ASOMBROSO CORAL SANGO

Como muchas otras islas, las de Okinawa –en la costa sudeste de Japón- están constituidas por barreras coralinas. Sin embargo, presentan una particularidad que las hace únicas en el mundo: sus escollos son corales Sango, el único tipo de entre las aproximadamente 2.500 especies de coral clasificadas que ha demostrado aportar extraordinarios beneficios vivificantes para el ser humano.

El coral Sango se compone de calcio, magnesio, sodio, potasio, trazas en abundancia de otros minerales y muy diversos oligoelementos, esenciales para la vida humana. En total contiene 74 minerales y oligoelementos oceánicos esenciales, muy similares a los contenidos minerales del cuerpo humano y en proporciones naturales. Además contienen la hormona calcitonina, sustancia que permite la absorción, fijación y utilización de este mineral (ver recuadro adjunto). Esa composición, muy similar a la del cuerpo humano e idéntica a la de nuestro esqueleto, permite que el coral Sango sea hoy frecuentemente utilizado para efectuar injertos de hueso y dientes, para frenar el desgaste óseo y como preventivo de numerosas enfermedades inflamatorias. Otro de los beneficios añadidos del calcio de coral es su capacidad para oxigenar y alcalinizar los líquidos y tejidos del organismo en un tiempo relativamente corto. La clave está en que los minerales orgánicos que contiene este coral son fácilmente absorbidos por el organismo por su habilidad natural para transformarse en iónicos al contacto con el agua. Y es que cuando el polvo de coral se disuelve en agua el cuerpo puede digerirlo sin provocar los incómodos síntomas –como el estreñimiento- que causan otros suplementos de calcio sintéticos. Una vez el pH del cuerpo regresa a su estado natural alcalino se refuerza el sistema inmune y mejora el bienestar global del individuo. Cabe añadir que también actúa como un excelente antioxidante al favorecer la eliminación de la basura metabólica. Así, retarda la aparición de los signos de envejecimiento prematuro. Además ayuda a la calcificación del sistema óseo –evitando la osteoporosis y otras dolencias óseas- y actúa a nivel iónico favoreciendo el equilibrio hidroelectrolítico del organismo. Otra ventaja del calcio Sango es que no produce depósitos perniciosos que se pudieran convertir en cálculos renales o biliares. Por todas estas razones se considera que el calcio de coral –y, en concreto, el de Sango– es la mejor forma conocida de aportar al organismo calcio y otros minerales esenciales en forma orgánica e ionizada.

Varda Galán

Recuadro:


Aplicaciones del calcio de coral

Quienes más saben de la aplicación terapéutica del calcio de coral afirman que es un eficaz remedio para prevenir la aparición de numerosas afecciones además de ser un buen coadyuvante en el tratamiento de dolencias ya manifestadas. Los expertos hablan de artritis, cáncer, enfermedades del corazón, síndrome de fatiga crónica, hipercolesterolemia, osteoporosis, hipertensión, dolores musculares, articulares o de cabeza, psoriasis, acidez, gota, osteoartritis o reuma, entre otras.

Además se ha comprobado que refuerza el sistema inmune, retarda el envejecimiento e incrementa los niveles de oxígeno en sangre.


Calcio y calcitonina

Para que el calcio actúe en el organismo es indispensable que se fije bien y de forma rápida. Y en ese proceso es necesaria la intervención de la calcitonina, la hormona fijadora de calcio. El problema es que su presencia en el organismo disminuye a partir de los 50 años -en algunos casos antes- a causa de alteraciones metabólicas y/u hormonales provocando que nuestro organismo pierda de manera notable su adecuada capacidad de absorber el calcio (tanto el de los alimentos como el de los suplementos). De hecho, se ha comprobado que un anciano sólo absorbe el 3% del calcio que ingiere y que esta mínima cantidad tarda casi un día entero en revelarse en sangre. Por tanto, para que el calcio pueda ser aprovechado –se ingiera la cantidad que se ingiera y del tipo que sea- es necesario que vaya unido a la calcitonina. De lo contrario no ayudará en nada e, incluso, ese calcio no metabolizado favorecerá la producción de cálculos de riñón, próstata o vesícula.


Ojo al elegir el calcio

Si alguna vez le aconsejan tomar un suplemento de calcio consulte primero con un buen profesional ya que no todos los productos que se encuentran en el mercado le aportarán la misma cantidad ni tendrá las mismas características. Tenga en cuenta que, al contrario de lo que sucede con el calcio mineral tradicional -que primero debe ser metabolizado por el cuerpo para poder ser utilizado-, el calcio orgánico e ionizado –como el calcio de coral- es absorbido por las células prácticamente en su totalidad a los pocos minutos de ingerirlo. Y el calcio ionizado participa en las reacciones químicas de todo el organismo siendo imprescindible para multitud de funciones orgánicas: coagulación de la sangre, transmisión nerviosa, contracción muscular, permeabilidad y resistencia de las membranas celulares, funciones hormonales, etc. Tipo de calcio que es precisamente el que aporta el calcio de coral.

Fuente:Dsalud.com

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